Las soledades de Tina

diciembre 11, 2011 at 9:46 pm Deja un comentario

Camina despacio, y se le frunce el rostro con el esfuerzo de cada paso. Lleva un carrito lleno de cosas, una bolsa de maníes, unas carteras tejidas. En la mano unos rosarios de varios colores y un babero rosa.

Se me acerca y me pregunta algo, pero en mi distracción y con los auriculares en las orejas no entiendo qué dice. Freno. Es domingo, y salí a caminar en busca de inspiración, de historias. Me saco los auriculares y ella repite su pregunta. “¿No me compraría algo? Es para ayudar a una persona”.

Me sorprende, porque no pareciera alguien que está vendiendo. Uno tiene la idea de que alguien que vende en la calle por lo general tiene muchos productos iguales. Ella parece tener de todo un poco. Y si no me hubiera hecho esa pregunta pensaría que es una señora más caminando en la calurosa tarde de domingo por las calles de Palermo.

Me decido por el babero, porque es lo que tiene más en exposición. Mis sobrinos son todos varones y no sé qué voy a hacer con un babero rosa, pero algo se me ocurrirá. Pago el babero y cuando estoy por ponerme los auriculares, me hace otra pregunta. Si la puedo acompañar hasta la puerta de su casa, porque le pesa el carrito y le duele la mano.

Accedo a su pedido. Esta mujer de pelo completamente blanco, bajita, vestida con la remera rosa que le regaló su nieta, esta señora caminando sola con el peso de su carro, podría ser mi abuela.

Tina tiene mucho más de setenta años me dice, aunque no especifica el número y me parece de mala educación preguntarle. Es italiana. De Calabria. Sus hermanas aún están allá. Ella tiene a sus hijos y nietos en Argentina. Por eso se queda. Enviudó, al parecer no hace mucho, no sé por qué me da esa sensación.

Me cuenta que vende esas cosas, o sea, todo eso que cabe en su carrito, para ayudar a su yerno, que acaba de recibir un trasplante. La razón por la que no quería seguir trasladando el peso de su equipaje, la razón por la cual me pidió que la acompañe –una de las razones-  es porque hace poco se rompió la mano en una caída. Cuatro clavos le pusieron. Y claro, la humedad, el calor y la edad de sus huesos le dificultan manejar pesos mucho tiempo.

En el camino, unas 10 cuadras, poco más, me doy cuenta de que hay otra razón por la que Tina me pidió que la ayude. Y tal vez la misma razón, o una de las razones, por la cual accedí a acompañarla.

Tina me cuenta su vida, y cómo la quieren sus hijos y nietos, y que la bolsa de maní es para ellos, que ya son grandes, pero siempre le piden regalitos. Y al mismo tiempo me cuenta de sus muchas plantitas, de orégano, de albahaca, de flores. Y me insiste, me pide, me ofrece que cuando quiera la visite. Para ver sus plantitas.

Tina está apurada porque tiene que ir a misa. Esa misa del barrio que dan en la calle. Y quiere llegar temprano para conseguir silla. Pero también sabe que si no consigue se la van a ofrecer. Porque ella tiene fe, fe en que la gente todavía es buena, en que existen aún personas buenas.

Y su casa, que no es tan lejos de la mía, es un almacén. Y hoy domingo está cerrado. Pero con rejas sin vidrio. Entonces ella me muestra desde la vereda sus plantitas.

El almacén es a la vez verdulería y también vivero y también está llena pero llena de bolsas que no logro ver qué

tienen. Es como su carrito. Cargado de todo. Me ofrecería pasar, me dice, pero está el perro del nieto que me va a morder. Y yo le digo que no hay problema, que ella se apure que tiene que ir a misa. Y pienso que Tina no debería ofrecerle a ningún extraño pasar a su casa. Y a la vez envidio esa confianza casi ciega e inocente que sólo tienen los chicos y algunos ancianos. Esa capacidad de ver en todos un amigo, en todo algo bueno, de tener expectativas en lugar de miedo.

Y Tina lo ve así. Soy una completa extraña pero, para ella, soy su nueva amiga. Y me invita, no para de repetirme, que pase cualquier mañana, que ella está todas las mañanas, que si quiero me teje una cartera. Cuántas soledades como las de Tina hay en esta ciudad. Cuántas soledades sentimos, siento.

Entrada archivada en:Uncategorized. Etiquetas:.

Esta canción es tuya…

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Trackback este articulo  |  Suscríbete a los comentarios vía RSS Feed


Calendario

diciembre 2011
L M X J V S D
« nov    
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
262728293031  

Mensajes recientes


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.